Poética roubada

•22/06/2016 • Dejar un comentario
Mañana

de manhã escureço

Mesa

de dia tardo

Rueda

de tarde anoiteço

Luna

de noite ardo

 

Reflejo.

•01/06/2016 • Dejar un comentario

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22/5/2016 ou Grito de 22 de maio

•22/05/2016 • Dejar un comentario

Busquem todos os argumentos que quiserem, mas é golpe!
O povo brasileiro está sofrendo um golpe de Estado!

É golpe.
Porque é a destituição de um governo eleito democraticamente sem comprovação de crime de responsabilidade.

É golpe.
Porque aqueles que apoiam e estão informados, queixam-se da incompetência e do cansaço de ter que lidar com um governo que não simpatizam. Mas não comprovam crise de responsabilidade.

É golpe.
Porque aqueles que apoiam e não estão tão informados, pedem um fim à corrupção. Mas não explicam como isto se relaciona com a comprovação de um crime de responsabilidade.

É golpe.
Porque o congresso que constitucionalmente promove a medida reage acuado pelas investigações que revelam haver muito mais do que algo podre no reino; a podridão é maioria absoluta. Mas tem suas prerrogativas republicanas e promove o processo de destituição, para julgar a hipótese de crime de responsabilidade.

Teste-se minha hipótese: é golpe! Golpeará a hipocrisia de ex-governadores quando expressem seu voto no Senado. Digam-nos os que estão informados: quais foram as práticas de gestão orçamentária de Aécio Neves, por exemplo? A simples presença de Fernando Collor de Mello parece uma manifestação surrealista.

É golpe!
Porque na manhã seguinte havia um gabinete novo, exclusivo de homens. Correm em suas veias o sangue velho dos seus avós quando, como no cântico de Dos Anjos, querem tomar-nos pelas mãos e conduzir-nos de volta ao caminho do qual acreditam que nunca nos deveríamos ter afastado.

É golpe!
Já antes de assumir, anunciaram que emendariam a constituição para desvincular receitas da educação e saúde e, consequentemente, no primeiro ato fizeram-nos retroceder a um “ministério 2 em 1”, onde cultura é um apêndice da educação. O povo gritou é golpe e devolveram o ministério.
O orçamento, vão devolver?
As políticas?

Eu não quero um ministério!
Eu quero ver a cara do Brasil refletida em seu governo!
Eu quero a escolha do voto popular!
Eu quero a democracia!

É golpe!
É golpe!
É golpe!

O golpe com o qual os homens que exercem seus podres poderes querem disciplinar uma massa que, babam raivosos, jamais deveria deixar de ser pobre e ignorante.

É golpe que conta com o apoio de parte de uma classe média que tem medo a la Regina Duarte.

É golpe com o qual querem nos fazer passar goela abaixo um plano de governo que perdeu as eleições.

É golpe contra uma presidente eleita que não esteve disposta a abandonar o seu compromisso com o eleitorado e que está arcando com os custos dessa decisão.

É golpe de um sistema político institucional que precisa ser reformado, mas que, não nos esqueçamos, jamais prescindirá da democracia.

É golpe daqueles que querem um país só para alguns.
É golpe contra um projeto de país para todos.

É golpe!
É golpe!
É golpe!

O povo brasileiro está sofrendo um golpe de Estado!

É golpe!
É golpe!
É golpe!

Busquem todos os argumentos que quiserem, mas é golpe!

 

Publicado originalmente no mural do Facebook em 22/5 e modificado por mim a modo privado três dias depois por fastio com o nível de violência dos intercâmbios que sucederam. Não encontrei outra forma de conter a violência. Faltam-nos muito. Buenos Aires, 14/6

Desde el balcón miro

•09/05/2016 • Dejar un comentario
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Desde el balcón miro

El día que se conocieron

•19/01/2016 • Dejar un comentario

El día que se conocieron, Júpiter, Venus y la Luna se alinearon en el cielo. Él se lo señaló y ella preguntó qué importancia tenía esto en sus vidas prácticas. Pero no les importó que él no supiera la respuesta. Se dejaron llevar por los encantos de Dionisio y rindieron, esa noche y las que siguieron, homenaje a Eros y a cuántos dioses más…

Siete meses habían pasado desde aquél momento… Un número que tampoco estaba libre de significado oculto. Siete días dura cada fase de la luna, siete los colores del arcoíris… y dicen que siete vidas tiene el gato, aunque el de ella amenazaba con tener muchas más.

Tantas cosas habían atravesado en un tiempo tan corto y tan diversas que pareciera a veces que igual cantidad de vidas habían vivido. Y a él le atemorizaba tanto como a ella la pregunta que insistía en resonar a cada silencio que marcaba el compás de la melodía algo triste de los últimos tiempos: ¿las habrían vivido todas?

El día que se conocieron, Zeus, Afrodita y Selena se alinearon en el cielo. Ella estaba sentada en los escalones del museo y él llegó tarde, algo transpirado, volviendo a las apuradas de un ensayo en la casa de una amiga, donde con otro amigo daban los primeros pasos de un recorrido que al final no concluirían. Pero él no lo intuía en ese momento. Todo era nuevo, todo arrancaba. Sus piernas trazaban pasos largos y firmes. Sus ojos encontraron los de ella y así sus oídos, sus manos, su sexo. Su deseo, que encontró el de ella. Y todo fue plenitud. Y todo fue bello. No importaba qué pasaba en el cielo: alinearían ellos sus caminos en la tierra. Todo parecía tan fácil…

Claro que no lo fue. Nunca lo es. Pero no bajaron los brazos, ni los cerraron. Sí bajaron las voces para que los gritos no ensordecieran la razón íntima que los impulsaba a quedarse allí, uno al lado del otro. Y no se fueron. Miento: porque él sí se fue una vez y ella no. Y él le pidió perdón y ella lo perdonó, esa y otras veces. Como él también la perdonó – no cada una de las exageradas veces que ella pidió perdón por cosas tan pequeñas, sino por aquellas donde sí pareció estar en juego el compromiso de cada uno hacia el otro. Y a lo largo de aquellos siete meses se acompañaron. A veces a distancia, a veces acurrucados. A veces con la palabra. Otras con el silencio. A veces con alegría, a veces con paciencia.

Estaba claro que no era fácil. Él lo sabía tanto como sabía que no había más que verdad en los te quiero con los que ella lo cubría. Como sabía ser verdad el quererla que sentía en silencio. Como sabía que su silencio la angustiaba. Como sabía que él no creía en las palabras. Como sabía que le costaba traducir en actos, pero aún más en palabras, lo que era.

No era fácil. No le era fácil.

Pero a veces los cuerpos se alinean en el cielo. Luego siguen su recorrido. Júpiter y Venus seguían girando alrededor del Sol. La Luna seguía presa a la órbita terrestre. Él creyó que parte de su angustia seguía estando en aquella pregunta inicial que no le había respondido. Creyó preguntarse quiénes eran. Ella. Él. Ellos.

Y pensó entonces que en momentos él había sido Luna, entretenido en un cambiar de caras que no eran más que la sombra que le imprimía el cuerpo que le determinaba el camino. Y al intuirlo lo tragó una mezcla de asombro, desilusión y desamparo. Él no quería ser Luna.

Le tocaría entonces el único personaje masculino de la tríada: Júpiter, que es el Padre de la Luz. El Dios del Cielo, que controla el clima y, con ello, el ciclo de la vida. El que no fue amamantado por su madre y que desterró a su padre. Júpiter, el planeta más grande del sistema solar y que es casi todo hidrógeno y helio. ¿No parecía adecuado para un acuariano ser un planeta de aire? ¿No parecía adecuado a su soberbia, arrogancia, presunción equipararse al Dios de los Dioses? ¿No parecía adecuado a su omnipotencia? ¿Y acaso no era adecuado a su predestinación a la paternidad? No. Él no era Júpiter.

Intuyó más bien que Júpiter era tan solo una de las muchas formas que podía adquirir para lograr atraer sobre si el deseo de ojos ajenos. Él naciera ya adulto. Era vanidoso, caprichoso. Adoraba la belleza y celebraba el amor orgiástico. Se despertaba para despedirle a la Luna y recibirlo al Sol en sus brazos. Compensaba la fugacidad de esos momentos de plenitud con la lentitud de su rotación y la regularidad de su traslación. Recorría el cielo y nadie giraba a su rededor. Presintió que era Venus. Era Afrodita. No lo supo. Y no supo si le importaba.

El día que se conocieron, Júpiter, Venus y la Luna se alinearon en el cielo. Miento. No fue un alineamiento, sino una conjunción. Los contemplaron y optaron por alinear en la tierra sus caminos. Los astros siguieron su recorrido y ellos trazaron el suyo, sin más conciencia que la que permitía el deseo de quererse. Habían pasado siete meses desde entonces y él sabía que no había sido fácil, como sabía que fuera bello.

Él no sabía cuándo se volverían a encontrar aquellos cuerpos. Seguía sin saber qué efecto tenía sobre sus vidas prácticas. Pero le sirvió ponerse a pensar en ello y saber que no quería ser una Luna que gira alrededor de la Tierra, ni quería que dieciséis lunas – o una, por caso – giraran alrededor suyo. Por otro lado, podía disfrutar el paso lento de los días y la regularidad de la rutina. Sabía también que necesitaba romperlo a cada tanto, de manera tan sorpresiva y tan fugaz como el encuentro de tres cuerpos en el cielo.

Pero hasta ahí llegó la analogía. Porque no eran celestes sus cuerpos, el suyo y el de ella. Y tampoco había un Sol que determinara sus caminos.

Se habían dado sus manos, sus ojos, sus oídos. Habían transcurrido siete meses y aunque pareciera que fueran tantas como siete vidas, la verdad es que a él y a ella solo les tocaba a cada uno vivir una. Y no estaba en el cielo la respuesta de qué hacer con ellas. Pero lo que fuere, que fuese bello. Que fuese amor.

Labneh

•17/01/2016 • Dejar un comentario

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tu leche tajada

guardada

espera

ansía

tu leche entera

tibia nueva

que la disuelve

la traga

la besa

revuelve

la hamaca

la duerme

la hace espesa

entonces cuela

atraviesa

gotea

transpira

y seca.

Gozando Lobato

•05/01/2016 • Dejar un comentario

Só pra saber

Nesse tal filme de romance

Antes que o público se canse

Você me beija no final?

O trecho é da música Fred Astaire, de Clarice Falcão, uma dessas coisinhas maravilhosas que me fez sucumbir a Spotify nem bem começou o ano… e coincidências do destino calhou bem com outra coisa boa que abriu esse 2016: um livro velho roubado do armário da minha casa de infância, em um instante de felicidade clandestina. Trata-se de duas obras de Monteiro Lobato, reunidas em um só volume que no meu caso traz impresso o ano de 1951: A onda verde (1921) e O presidente negro (1926). A primeira é um conjunto de crônicas, a segunda, uma novela (ou romance americano do ano 2228, como define o subtítulo). Como tinha tempo, comecei pela segunda e acabo de ler a primeira. Gostei muito.

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Vamos combinar: minha geração só veio a saber quem foi Monteiro Lobato depois de ver desfilar pela tela da televisão os diversos elencos do Sítio do Picapau Amarelo. “Pai” da literatura infantil brasileira, aprendemos em algum momento do secundário que Lobato é incluído no grupo dos modernistas paulistas, que fez uma grande contribuição à divulgação da nossa mitologia, nesse movimento patriótico antropofágico. E ponto final. Houve algum momento em que folheei algum livro infantil seu mas confesso que nunca me atrevi ao risco de descobrir se a Emília do papel era menos divertida que a da telinha… Aprendi os principais títulos, li passagens, exegeses… e assim foi que quase cheguei aos meus 33 anos sem nunca ter lido um livro de Lobato. Quase.

Em três sentadas devorei O Presidente Negro. Delicioso. Curto, leve, com uma escrita clara, inventiva… Uma nota do editor adverte uma similaridade com 1984, de Welles, publicado em 1948. Mas essa semelhança se restringe às visões de futuro utópico propostas pelo narrador. No caso de Lobato, o porviroscópio do Dr. Benson oferece visões nítidas do futuro até 3.527, mas o autor detém-se em 2228 para contar o processo que leva à eleição do primeiro presidente negro dos Estados Unidos.

Não sei se a equipe de Obama leu o tal livro, que depois descobri ter sido editado em inglês, embora alguns sites digam que foi um verdadeiro fiasco. (Essas mesmas línguas virtuais venenosas afirmam que Lobato teria escrito o livro esperando encher as burras de dólares, mas que teria regressado ao Brasil sem mais fortuna que a do seu herdado latifúndio improdutivo…) Fato é que não foi necessário esperar ao 88º presidente para violar o monopólio branco nos esteites e que, ao contrário de Jim Roy, Obama concluiu o primeiro mandato e até está sobrevivendo um segundo.

Racismo e machismo parecem ser a essência da trama do livro. No século XXIII, o Partido Masculino que congrega os yankees brancos temem perder o poder para o Partido Feminino, que agrupa as mulheres. Estas trocaram o macho Homo por um homólogo Sabino e desfeitas da necessidade do sexo oposto, somam igual quantidade de votos que o eleitores homens brancos. Quem pode desempatar? A população negra, cujos homens e mulheres, devidamente apartheidos, representam mais de um terço da população total (menos de 160 milhões… Lobato subestimou a revolução demográfica). Tudo muito bem até que o líder da Associação Negra decide pedir para si os votos, ganhando as eleições e deflagrando o conflito palaciano, que ocupa a segunda metade do livro. Tudo isso contado da perspectiva de dois personagens – Ayrton e miss Jane – que, na Friburgo fluminense dos anos 1920, desde o início conformam o par romântico cujo beijo Lobato nos faz ansiar até o final.

O relato sobre os “temas sérios” pareceu-me uma dessas histórias que a Emilia contava, carregadas de ironia, dessas de fazer a gente rir muito por dentro. Meu queixo caiu quando na internet li que Lobato teria sido acérrimo defensor da eugenia. Houve até pedido judicial para que o bendito livro não fosse distribuído pelo MEC às escolas há alguns anos… Não é minha pretensão questionar a história sem sequer conhecê-la, mas cá na minha ignorância Jeca Tatuense acho que esse cara era um grande gozador…  e um oportunista do mercado editorial.

O Presidente Negro é um livro que pretende ser filme. Mais me convenci disso quando li a última crônica d’A Onda Verde… Eis que este que eu supunha ser um conjunto de crônicas sobre a invasão dos cafezais pelo interior do país ou sobre um verdadeiro porre de brasilianismo modernista conclui com um elogio à “Arte Americana”, o cinema:

A arte americana abre, areja, ventila, fortifica, fecunda o cérebro da humanidade em bloco. Não mais fronteiras, nem a muralha das línguas. É a música nova – a música do movimento. E é sobretudo, o amanhã…” (p. 121)

É, para mim, convencido do potencial da fórmula cinematográfica dos Anos Dourados que Lobato escreveu O Presidente Negro e saiu a vendê-lo nos Estados Unidos. Qual Carmem Miranda, foi levar pro Tio Sam um pouquinho do nosso talento tupiniquim, but in the American way.

Mas lhe faltou arroz com feijão ou tinha pouca fruta na cabeça… Gastou todo o seu rebolado para terminar… em um beijo cinematográfico. Quem ia pagar para ler em letra pequena o que brilha na tela grande?

Mas o tempo a tudo dá volta e a história de paixão que atravessa a distopia eugênica de Lobato diverte hoje mais do que muito blockbuster… e, de maneira muito parecida ao que ele quase previu, pode-se descarregar grátis com apenas um clique.

Se for ler, deixe o paulista que há em você de lado e seja um pouco carioca: take it easy and serve it cool.

A kiss is still a kiss…