Fragile, but not made in China: Dak’Art 2018

•13/05/2018 • Dejar un comentario

Fragile, but not made in China. La frase tomada de la obra Democratic Classroom, de Guy Wouete (Camerún), sirve de metáfora para describir la sensación al visitar la Bienal de arte africano contemporáneo de Dakar 2018, Dak’Art 2018. Simon Njami, director artístico de L´heure Rouge: une nouvelle humanité, define esta exhibición como un proyecto pragmático, en el que la obra artística contemporánea debe lograr callar la dudas sobre las posibilidades de un nuevo futuro dando muestras de una experiencia del posible que se afirma en el presente con energía y fuerza, sin desconocer su pasado.

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Democratic classroom, Guy Wouete

El edificio del pabellón principal, en el abandonado Palais de Justice, es el testigo material de una historia marcada por utopías olvidadas. Es la segunda vez que este coloso de concreto ubicado en una de las extremidades de la península alberga la bienal, despertándose de su letargo cotidiano. En su interior, las obras de 75 artistas que, pese al nombre del evento, no provienen todos de este continente. En efecto, los artistas de África subsahariana se mezclan a magrebíes, caribeños, latinos, europeos y norteamericanos. ¿Es la bienal un espejo del paisaje artístico africano contemporáneo? La respuesta parecería encontrarse implícita en la instalación high-tech )u( del beninés Emo de Medeiros, que evoca la angustia que implica la búsqueda y la descubierta de uno mismo bajo el panóptico de la permanente mirada ajena. This is not a mirror. ¿O sí?

¿Qué es el arte africano contemporáneo? ¿Puede él surgir endógenamente? ¿Puede él construirse independientemente de la mirada extranjera? En una entrevista a la revista diptik (#43), Njami interpela a hacerlo. Pero se trata de un artefacto discursivo que solo cumple el objetivo de seguir movilizando la mente hacia esa utopía inalcanzable, irrealista. Los pocos cuerpos que recorremos las laberínticas salas y pasillos del pabellón somos casi todos blancos, pese a que es sábado. Los senegaleses estén quizás más ocupados en prepararse para el inicio del Ramadán o en acopiar agua para los cinco días de interrupción del suministro anunciado – otro signo del desfasaje entre el discurso y la realidad de los que siguen marginados del mundo del Arte. Los guardias, en cantidad y en su uniforme de las fuerzas oficiales de seguridad, no logran correr los ojos de las minúsculas pantallas de sus celulares, mientras las obras, montadas con un descuido que linda con la desidia, se desintegran.

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Autor desconocido.

Uno se pierde en el recorrido. Hay que agacharse para leer el nombre de un artista en el cartel tirado por el piso o encontrar la información escrita a lápiz a lado de la puerta, quizás por algún visitante indignado. Otras obras son simplemente imposibles de identificar. Las mallas hechas de chapa recortada de las tapas de whisky importado recuperan patrones de los tejidos africanos, pero ni en el catálogo vendido a 25.000CFA (38 euros) uno puede encontrar su autor(a).

El tiempo corre, uno se cansa y no se toma el tiempo para asistir a cada uno de los muchos, demasiados videos y video-instalaciones que parecen ser mayoría. Nuevamente, se siente la asincronía entre la forma del arte contemporáneo y el ritmo de la vida fuera de los espacios del arte, donde no hay tiempo, ni fuerzas, ni calma, ni ganas para sentarse a mirar un corto de media hora metido en una sala oscura, sentado en un banquillo sin respaldo. Antes que sentarse, estos son tiempos de caminar, de correr, de urgencias consumidas con ansiolíticos, como recuerdan los blisters vacíos que hacen la obra del congolés Paul Alden Mvoutoukoulou.

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Urgences, Paul Alden Mvoutoukoulou.

Nous habitons l’absence, leemos en la Lettre aux Absents, de Rine Ralay-Ranaivo, de Madagascar. Una ausencia no solo de tiempo para la contemplación, sino también de proyectos y teorías que llenen de sentido nuestro moto continuo. Los sueños de revolución están cubiertos de polvo y nos servimos de uñas postizas para ocultar que nos hemos comido casi los dedos. Uñas que el sudafricano Frances Goodman ensambla para crear una nueva forma en Roiling Red. Pascal Monnin, de Haití, recurre al reciclaje de puertas y ventanas para tender una unión liviana y delicada entre la naturaleza y las carcazas del edificio de concreto que insiste en no desmoronar. Pero si la esperanza se encuentra arrugada, sirvámonos de la plancha de concreto de Usha Seejarim (Sudáfrica), que tendría el peso y la dimensión necesarias para estirarla y hacerla lucir nuevamente.

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Lettre aux Absents, Rine Ralay-Ranaivo,

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Roiling Red, Frances Goodman

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Venus, Usha Seejarim Elevations, Pascal Monnin (fondo)

En la sala de audiencias de la antigua Corte Suprema, Lesbos, del camerunés Omraam Tatcheda me hace divagar sobre quién o qué es el objeto de juicio. Quizás porque antes pasé por el Close-Up de la marroquí Randa Maroufi, pero vuelvo a encontrarme aquí con un interrogante provocativo que, referenciado en el arte europeo, parecería poner en escena la pregunta sobre el origen del mundo. Encuentro mi veredicto personal unas salas más adelante, en la obra de la cubana Glenda León, Temps Perdu. Mi sentencia es salomónica. Por un lado, veo que es mucho el tiempo perdido. Por otro, encuentro que todavía es posible encontrar la forma de lograr la experiencia estética en tiempos como los que corren. Su reloj de arena es conciso y eficaz. No hay más tiempo que perder. C’est l’heure rouge.

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Lesbos, Omraam Tatcheda n/d., Paul Onditi (fonds)

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Temps perdu, Glenda León

Es ahora o nunca, dice Njami en la entrevista ya citada. Pero la fuerza que inspira ese dictatum está impregnada de fragilidad. El director artístico de la bienal dice que la concibió como un díptico. Hace dos años, la obra política y artística de Leopold Senghor habría inspirado la bienal bleue. En 2018, el rojo vendría a invitar el movimiento desde el sueño hacia la acción. ¿Se trata realmente de un díptico? ¿O nuevamente tan solo de un discurso efectista algo engañoso, como un himno revolucionario?

No hay dos sin tres. ¿Qué nos espera en 2020? Porque el tiempo no para y no resta saber si en Dakar se verá el blanco o si se impondrá el negro, rompiendo finalmente con el legado cultural y simbólico colonial. Quizás la obra de Mary Sibande (Sudáfrica) que recibe los visitantes este año en la entrada del Palais de Justice y desde donde Njami concede entrevistas detrás de sus anteojos oscuros al mejor estilo rock star sea un guiño hacia lo que tiene planeado pero no quiere hacer explícito. 2020 será el momento del ascenso del púrpura. Del amalgama del que estamos hechos todos. De la superación de la dicotomía dicromática. De la fusión entre pasado, presente y futuro. De la convivencia fructuosa y seductora de lo efímero y lo perene. Inch’Allah.

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Ascent of the Purple, Mary Sibande

Flanerie Lisboeta

•06/05/2018 • Dejar un comentario

Versos roubados nas ruas de Lisboa, 28.4.2018.

PENSO MAS NÃO EXISTO

HOJE APETECE-ME

EU ESPALHO AMOR

EU PINTO AMOR

IT´S (NOT) FUNNY

AMOR ESCORRE

O MUNDO NÃO SOME QUANDO VOCÊ FECHA OS OLHOS

Dakarianas

•04/03/2018 • Dejar un comentario

FAÇO A LISTA

FASO

EM BURKINA FASO

UM ATENTADO

EM DAKAR

SUPERMERCADO

Crónica navideña

•27/12/2017 • 2 comentarios

Vuelvo a Dakar y abro facebook para ponerme al día con los mensajes de Navidad. Nuevamente he sido omiso frente a los gestos de cariño de las personas que amo. Me doy rápidamente cuenta que esos cortos momentos de la mañana tampoco alcanzarán para retribuir el amor que nos mandan desde lejos. Confío por otro lado que entenderán que el silencio no es signo de olvido.

Es el segundo año que pasamos Navidad lejos de nuestras familias y amigos. El año pasado nos recluimos con Juliana en el Tigre. El período coincidió con los días de nuestra luna de miel y pasamos los dos allí, rodeados por el río, nuestra primer navidad casados. Este año nos habíamos comprometido a movilizar nuestras familias brasileras y porteñas para que pasáramos juntos la navidad en Padua y arrancáramos el año mirando los fuegos artificiales de Copacabana. Finalmente el destino nos llevó a algo muy distinto…

Por primera vez desde que llegamos, la tarde del 24 de diciembre salimos de Dakar. Partimos hacia la comuna rural de Sindia, en Senegal, a poco más de una hora por carretera al sur de la capital. Allí nos invitó una nueva amiga – Léonie – al Eco Lounge Dalaal Diam, para que pasáramos Noche Buena junto a su “my love”, Francis, y a Émilie y Henry, otra pareja de compañeros que, como nosotros, intenta cada día poder decir “hogar” a este nuevo país. Medio por pánico de vernos perdidos entre amigos tan frescos y francófonos, y mucho también por esa solidaridad en el desarraigo, los convencimos a Haritz y Diane – otra pareja de amigos recién cosechados – que se subieran al auto con nosotros. Y así fue que, a la media noche – o más bien a la una, cuando recordamos mirar el reloj – brindamos los ocho alrededor de una mesa repleta de rica comida, donde el principal regalo era el estar juntos y bien. Una canadiense, un sierraleonés, dos belgas, un vasco, una burkinesa, una argentina y un brasileño, que en francés, inglés, castellano y sobre todo en gestos, caras e interjecciones hilábamos una red de historias singulares.

Hace ya casi dos meses desde que hemos llegado y el fin de año nos había tomado de golpe. De pronto vimos el supermercado decorado para navidad, con sus estantes repletos de adornos y golosinas. En los semáforos dakarianos, además de recarga para el celular, mandarinas y auriculares, se ofrecían también arbolitos y gorros navideños. También acá la gomaespuma hace de reemplazo a la nieve, recordando la importación cultural. Y a cada tanto se veía una estatuilla de papá Noel negro, muestra del intento de apropiación forzada. Nos preguntábamos si el festejo se restringiría a nuestro universo toubab, hasta que nos explicaron que las familias senegalesas, como las nuestras, no escatiman las oportunidades de festejar. Musulmanes, católicos, animistas, ateos se juntan alrededor de la mesa y comparten el pan. Nosotros, extranjeros, expatriados, también lo hicimos, no sin algo de desconcierto por saber que aún en el medio de la sabana, los metros que separaban nuestro restaurant de las chozas representaban siglos de exclusión.

El 26 al mediodía emprendimos nuestro camino de regreso. En el auto alquilado íbamos los cuatro que compartíamos el español como lengua franca. La goma pinchada por los espinos de la acacias en el camino de ida ya se había reparado. La paciencia y el yeite senegalés habían permitido que la rueda arreglada volviera al eje, usando piedras para estirar el alcance del criquet prestado, demasiado corto para nuestro vehículo. Nos perdimos al entrar en la ciudad, estuvimos atascados entre camiones y vendedores ambulantes, pero finalmente llegamos en hora al estacionamiento del estadio de las Amistades, donde se lavan, se desmontan y también se alquilan autos. Con nuestras valijas, esperamos a que vinieran a cumplir la promesa de reembolso de los gastos que tuvimos por haber aceptado llevarnos al medio del campo un auto sin rueda auxiliar o cualquier otro tipo de herramienta. Y constatamos que acá como allá, los más voraces son aquellos que más tienen. La palabra no vale para los tiburones, que prefiere aferrarse a las mentiras escritas en papeles truchos a los que le dicen “contrato”. Desde su celular, el propietario del auto se negaba a cumplir lo prometido. Nosotros insistimos y pronto encontramos el apoyo de los que allí estaban. Los que habíamos dado las caras al momento de concretar la transacción habíamos actuado de buena fe y si alguien había mentido, que se hiciera presente. A lo largo de las horas, fueron llegando cada uno de los que habían intervenido en el hecho, con excepción del tiburón. Nos invitaron a escondernos del sol para que la espera se hiciera más amena. Nos ofrecieron asiento y nos invitaron a su mesa, donde todos comían. Con algo de vergüenza y pudor, declinamos la oferta. Pero compartimos algo de nuestras historias y ellos de las suyas, que casi con asombro descubrimos que también eran fáciles de hilvanar. Llegado el momento del postre, aún esperando al tiburón, finalmente aceptamos probar del yogur casero, rico y muy dulce. La tarde se despedía cuando decidimos irnos también nosotros. El tiburón no había dado la cara, pero decía que pronto estaría allí. A su espera quedaron los peces menores, acostumbrados a encontrar su pan de los restos que logran sacar de entre los dientes afilados del predador saciado. A penas habíamos entrado a casa cuando me llamaron para confirmar que así se habían dado las cosas: encontraron migajas suficientes para repartir entre todos. Pude entonces bañarme y lavarme esa tristeza resignada, impotente, que sigo intentando purgar al escribir estas líneas.

Hemos pasado una navidad hermosa. Hemos recordado a nuestros amigos y familiares que están lejos. Hemos compartido el momento presente con los que hemos encontrado cerca. Hemos brindado por el amor, por el pasado y por el futuro. Pero eso no alcanzó para barrer la miseria que siembran aquellos que desde arriba no ven humanidad, sino solo “gente”. Desde mi ateísmo, miro al cielo y rezo a la Vaca Profana. Que a los tiburones les lleve un nuevo año de piedad. Para todos los demás, que 2018 sea un año de gloria.

Hace tres semanas que llegamos

•25/11/2017 • 1 comentario

Hace tres semanas que llegamos. El miedo de los primeros días ya es casi un recuerdo lejano, también las dudas sobre si venir era la mejor opción. Por supuesto hay momentos en que resurgen, pero son lapsos cortos y muy específicos: una noche en que regreso agotado a casa del laburo, una quemadura boluda de Juliana que de pronto se infecta… Pero la verdad que no nos viene costando tomar perspectiva y volver a colocar las cosas en su debido lugar. Situaciones cotidianas que podrían repetirse acá o en cualquier otro lado. Hace tres semanas que llegamos y la verdad es que siento lejos nuestra antigua casa, nuestra vida porteña. Me sorprende la ausencia de la nostalgia. Y vuelvo a recordar lo que es tener saudades.

Esta última semana ha sido colmada de mensajes de amigos que preguntan por nosotros. Nos preguntan como estamos y más que contar de nosotros, mi deseo es escucharlos… será porque soy un perezoso empedernido, será que todavía me cuesta transmitirles lo que pasa por debajo de la superficie y quisiera transmitirles más que lo que logro poner en los mensajes cortos de whatsapp. O quizás sea que estoy tan sumergido en este nuevo proceso que necesito sus relatos para volver a pensar en otras cosas que no sean las que me interpelan cada día.

Me levanto a eso de las 6h30, me baño y la despierto a Juli. Ha empezado sus clases de francés y durante ésta y las próximas dos semanas podemos retomar nuestra costumbre de desayunar juntos. Me gusta poner la mesa, preparar el mate y esperarla a que termine de bañarse y vestirse. Sentados, repasamos nuestras agendas, nos organizamos para el día, la semana, el finde, también en silencio nos comunicamos. Salimos juntos porque hasta ayer solo teníamos una llave de casa. En la esquina nos despedimos recomendándonos buenos pensamientos y reafirmando aquello que ya sabemos.

En la oficina todavía transito entre la seguridad de lo que sé y el vértigo de no poder ni siquiera estimar aquello que apenas intuyo o desconozco totalmente. Mis colegas son amables, colaborativos. Saben que todavía no compartimos el mismo universo y dejan pistas para que no me pierda. Confío, con la desconfianza intrínseca de los mineiros (¿sabrán ellos de Minas Gerais?), y avanzo. Los plazos son cortos, las expectativas son altas, así que sigo de manera casi irresponsable, a los saltos, aunque soy consciente de que lo más prudente sería caminar a paso firme, con los pies pegados al suelo. Sigo adelante sabiendo que en cualquier momento puedo tropezar y caer. Pero tampoco sé ser otra cosa. Me agarro de la certeza que, en todo eso que soy, está también la creencia arraigada en que uno jamás puede llegar lejos solo y que no hay razón que justifique el engaño o la deslealtad. Busco gestos y acciones que me permitan transmitirles eso a mis colegas. Pero confieso que no sé que tan visibles son entre todas las demás acciones que pueden leerse de otra forma. Es un aprendizaje permanente y en esa tarea estoy. Lo importante es que vuelvo a sentirme parte de un equipo, de una manera un poco desencajada aún, pero entusiasmado tanto con la tarea que nos convoca como con su dimensión humana.

Regreso a casa relativamente temprano, antes de las seis. Antes de que iniciaran las clases de Juli, algunos días volvía también a almorzar, un gusto que posiblemente nos volveremos a dar cuando podamos. Nuestra casa queda cerca y llego antes de que se haya despedido el día, aunque el saludo sea ya el bonsoir. Picamos algo juntos, nos contamos nuestras aventuras del día. A veces salimos a tomar algo y a cenar pero la mayoría de los días preparamos nuestra comida. Se juega a las cartas, se hace zapping por las telenovelas en francés, con suerte enganchamos alguna peli o, lo que es más raro, logramos ver algo en Netflix pese a la conexión intermitente.

Hace tres semanas que llegamos y hemos hecho avances importantes. Hemos elegido una casa para mudarnos, que es justo en el edificio en que vivimos y donde estamos cómodos. De a poco nos vamos haciendo la idea de cómo la vamos a tener. Tras la frustración de mirar el catálogo de muebles del negocio que creíamos ser “la” referencia en el rubro – donde todo se veía igual a lo que se ve en cualquier parte, además de caro – nos pasaron el contacto de un carpintero que parece promisorio. Tenemos ya cuenta en el banco y una tarjeta que dicen que anda, aunque ninguno de los cajeros que probamos hasta ahora tenga plata… Juli se hizo de buenos compañeros en el curso y vamos armando un grupo de primeras amistades. Si antes no sabíamos mucho qué hacer los fines de semana además de ir a la playa o al supermercado, hoy nos estamos preparando mental y físicamente para encarar dos eventos gastronómicos: al mediodía una “feijoada” con amigas latinas (me intriga ver qué onda) y a la noche una “gala” por la semana de amistad Senegal-España (me intriga aún más). También el domingo ya lo tenemos cargado y por primera vez invitaremos gente a casa: una pareja de argentinos que conocimos en el supermercado y que ya nos dijeron donde se consigue yerba y nos provee de carne, y el compañero vasco de Juli, también con su esposa. Llevo dos noches sin despertarme antes de hora, ya sea por insomnio o por los mosquitos. Y parece que rociarse con Off antes de acostarse puede resultar efectivo, aunque no tenemos idea de las implicancias para nuestra salud. Nada mal para tres semanas… En realidad, muy bien. Re contra.

Acá como allá

•19/11/2017 • 1 comentario

Acá como allá me despierto temprano aunque es domingo, me baño, le doy de comer al gato para que deje de chillar, le hago un mimo y salgo a comprar el pan y los puchos.

Acá como allá sigo fumando aunque prometí dejar de hacerlo y no cumplí con la excusa de que no es el mejor momento y que ya llegará el día cuando lo haga y que mientras tanto, a disfrutar sin culpa.

Acá como allá ella se mueve en la cama y yo la escucho desde el living, tomar su pastilla, sonarse la nariz, llamarlo al gato para hacerle unos mimos y levantarse despacito a ver por dónde ando.

Acá como allá, se acuesta a mi lado y empieza a revisar los mensajes en el celular y yo me impaciento porque vuelva a la cama y me deje seguir escribiendo.

Acá como allá, tomaremos juntos el desayuno, compartiremos el mate, discutiremos sobre qué hacer en el día, nos diremos mutuamente como a vos te guste y saldremos de la mano a la calle.

Acá como allá el otro día se cortó la luz por un incendio en los suburbios y se cortó el cable de alta tensión y nos preocupamos por lo que teníamos en el freezer.

Pero acá, por algún extraño motivo, no nos molestó. Compramos velas y nos pusimos a jugar a la canasta como hacíamos allá. Ella me ganó una, dos y no recuerdo si tres veces, como nunca allá.

Acá como allá se escucha Despacito y también Malaika en algún bar o restaurant. En realidad, ella lo escucha y me lo enseña porque, acá como allá, yo sigo escuchando mal y ella cree que no la escucho nunca.

Acá como allá nos despertamos a mitad de la noche con los chillidos del gato que exige que les demos agua o comida o que simplemente le demos bola. Lo retamos, nos hacemos los dormidos y, a veces, logramos que vuelva a acomodarse sin habernos dejado extorsionar.

Pero acá, a veces, los mosquitos se alían con el minino y nos sacan desesperados de la cama, decididos a hacer lo que sea con tal de volver a dormir. Otras veces, desde la cama, ponemos a andar el aire acondicionado y acá, por algún extraño motivo, ella me lo agradece.

Acá como allá yo la abrazo con una casi timidez y agradezco en silencio que esté a mi lado. Acá como allá.

Carta Abierta

•12/11/2017 • 1 comentario

El 2/11/2017, Juliana y yo llegamos a Dakar, Senegal, sin boleto de regreso definido. Varios amigos y colegas desde entonces nos han escrito pidiendo fotos, noticias, recuerdos. No siempre es facil encontrar el momento para responder a esas demandas, genuinas por cierto. Así que opté por “abrir” algunas de las correspondencias que vaya escribiendo y que, quizás, logren transmitir un poco de nuestra vida por acá. Ésta es la primera carta abierta desde Dakar, escrita originalmente en respuesta a mi querida amiga, Laura Szwarc.

 

Hola Lau,

¿Cómo estás? Recién hoy encontré un momento para leer lo que mandaste. Está muy bueno y comparto. Por cierto, no es nada nuevo si uno recuerda que desde hace siglos los hombres – porque lamentablemente la historia de las ¿conquistas? estuvo hecha por hombres – se ocuparon de ocupar o destruir las fuentes de agua potable y los cultivos como estrategia de dominación. Y ¿qué decir de la dominación de los vientres? Las violaciones masivas ¿no es acaso otra forma de dominación infraestructural? De alguna forma, creo que de eso se trata lo que hace rato los movimientos ecologistas intentan mostrarnos… o al menos la manera como yo puedo interpretarlo. También la filosofía del buen vivir, que por suerte ha logrado sentar raíces en nuestra América Latina.

Hace poco más de una semana que hemos llegado a Dakar. Todo acá es relajado, al punto de casi ocultar el vértigo del cambio. El calor es enorme. Hace que la piel esté siempre recubierta por capas de sal acumulada. La sal viene también del mar, de la brisa que sopla a veces más fuerte, otras veces más tímida, por momentos cálida y – un alivio – algunas noches más fresca. La basura se pudre continuamente. Los mosquitos y otros insectos parecieran brotar de las paredes. Ayer fuimos a la playa – lo que se ha convertido en una delicioso hábito de estos primeros días – y ni bien habíamos terminado de comer un pescado a la brasa, millones de hormigas diminutas se encargaban de llevar a sus cuevas las espinas caídas en la arena. Estamos rodeados de sonidos ajenos a nuestra comprensión. Nuestra piel blanca nos identifica inmediatamente con lo europeo y cuesta hacernos ver como lo que somos. ¿Qué somos?

En esta primera semana, continuamente he escuchado “estás en África”, como una advertencia, un llamado de atención para que no procurara interpretar las cosas a nuestro alrededor desde los lentes eurocéntricos. Varias veces, la exhortación vino de colegas profesionales europeos o norteamericanos, como un consejo para que me liberara de prejuicios que, en verdad, no llevo conmigo. Tristemente, también lo he escuchado de colegas africanos, cargados de juicios peyorativos sobre la organización de estas sociedades. “Esto es África”, como sinónimo de algo disfuncional, sucio, corrompido. En un momento logré hacerme de valor para contestarles que si bien es normal que me vean como un recién llegado, no es ésta la primera vez que entro en contacto con este mundo. Y que si bien hay mucho por conocer, aprender, vivir, su África no es mi África. Será la primera vez que pisamos estas tierras decididos a quedarnos y está bien que nos llenen con sus palabras colmadas de buenas intenciones. Pero ellos no saben lo que vemos Juliana y yo. Ellos no saben de América Latina más que Maradona y Messi, más que Neymar y el “carnaval” (abro un paréntesis: anoche en TV5Monde, los franchutes abrían un programa à la Tinelli con mulatas en tanga cantando en portugués y sambando música electrónica… qué poco hemos avanzado…). Ellos no saben de nuestro caos, de nuestra informalidad, de nuestros yeites, jeitinhos… estamos acostumbrados a atarla con alambre y si bien no quiero hacer vanaglorias de la improvisación, es posible que sean esos alambres lo que ha permitido que nuestros pueblos no se desintegraran totalmente, no se disolvieran en un no-lugar, un vacío identitario. No lo sé…

Lo que sí sé es que hace una semana que llegamos y ha sido suficiente para que con Juli confirmáramos que aquí queremos quedarnos. Queremos conocer esta ciudad, este país y este continente. Queremos vivir sus agruras y sus miles de maravillas. ¡Su gente! ¡Qué linda gente! Por todos lados son sonrisas, gestos de cordialidad y solidaridad. Es como estar en casa. Es hoy nuestra casa, que seguiremos construyendo cada día. Ojalá se animen a visitarnos. Mantendremos las puertas y ventanas abiertas de par en par. Siempre.

Muchos cariños,

Marcelo

Poética roubada

•22/06/2016 • Dejar un comentario
Mañana

de manhã escureço

Mesa

de dia tardo

Rueda

de tarde anoiteço

Luna

de noite ardo

 

Reflejo.

•01/06/2016 • Dejar un comentario

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22/5/2016 ou Grito de 22 de maio

•22/05/2016 • Dejar un comentario

Busquem todos os argumentos que quiserem, mas é golpe!
O povo brasileiro está sofrendo um golpe de Estado!

É golpe.
Porque é a destituição de um governo eleito democraticamente sem comprovação de crime de responsabilidade.

É golpe.
Porque aqueles que apoiam e estão informados, queixam-se da incompetência e do cansaço de ter que lidar com um governo que não simpatizam. Mas não comprovam crise de responsabilidade.

É golpe.
Porque aqueles que apoiam e não estão tão informados, pedem um fim à corrupção. Mas não explicam como isto se relaciona com a comprovação de um crime de responsabilidade.

É golpe.
Porque o congresso que constitucionalmente promove a medida reage acuado pelas investigações que revelam haver muito mais do que algo podre no reino; a podridão é maioria absoluta. Mas tem suas prerrogativas republicanas e promove o processo de destituição, para julgar a hipótese de crime de responsabilidade.

Teste-se minha hipótese: é golpe! Golpeará a hipocrisia de ex-governadores quando expressem seu voto no Senado. Digam-nos os que estão informados: quais foram as práticas de gestão orçamentária de Aécio Neves, por exemplo? A simples presença de Fernando Collor de Mello parece uma manifestação surrealista.

É golpe!
Porque na manhã seguinte havia um gabinete novo, exclusivo de homens. Correm em suas veias o sangue velho dos seus avós quando, como no cântico de Dos Anjos, querem tomar-nos pelas mãos e conduzir-nos de volta ao caminho do qual acreditam que nunca nos deveríamos ter afastado.

É golpe!
Já antes de assumir, anunciaram que emendariam a constituição para desvincular receitas da educação e saúde e, consequentemente, no primeiro ato fizeram-nos retroceder a um “ministério 2 em 1”, onde cultura é um apêndice da educação. O povo gritou é golpe e devolveram o ministério.
O orçamento, vão devolver?
As políticas?

Eu não quero um ministério!
Eu quero ver a cara do Brasil refletida em seu governo!
Eu quero a escolha do voto popular!
Eu quero a democracia!

É golpe!
É golpe!
É golpe!

O golpe com o qual os homens que exercem seus podres poderes querem disciplinar uma massa que, babam raivosos, jamais deveria deixar de ser pobre e ignorante.

É golpe que conta com o apoio de parte de uma classe média que tem medo a la Regina Duarte.

É golpe com o qual querem nos fazer passar goela abaixo um plano de governo que perdeu as eleições.

É golpe contra uma presidente eleita que não esteve disposta a abandonar o seu compromisso com o eleitorado e que está arcando com os custos dessa decisão.

É golpe de um sistema político institucional que precisa ser reformado, mas que, não nos esqueçamos, jamais prescindirá da democracia.

É golpe daqueles que querem um país só para alguns.
É golpe contra um projeto de país para todos.

É golpe!
É golpe!
É golpe!

O povo brasileiro está sofrendo um golpe de Estado!

É golpe!
É golpe!
É golpe!

Busquem todos os argumentos que quiserem, mas é golpe!

 

Publicado originalmente no mural do Facebook em 22/5 e modificado por mim a modo privado três dias depois por fastio com o nível de violência dos intercâmbios que sucederam. Não encontrei outra forma de conter a violência. Faltam-nos muito. Buenos Aires, 14/6